¿Celebrar el Estatuto del 82?

No podemos evitar que caigan los años y se cumplan aniversarios de determinadas fechas, eventos o acontecimientos, sean centenarios o simples “cumpledécadas”. Tal es el caso del Estatuto de 1982. Una cosa es que sea cierto que se cumplen 30 años de su aprobación, y otra muy distinta es que -más allá de constatarlo o recordarlo- haya que celebrarlo.

Y la verdad es que el Estatuto de 1982, producto de un acuerdo UCD-PSOE para desacafeinar la autonomía aragonesa, dejándola con un texto alicorto, de segunda división, no es precisamente uno de los grandes hitos a recordar por los aragoneses, y menos aún por los aragonesistas.

Primero, recordar la paradoja de que quien, en su calidad de Secretario Provincial de la UCD de Teruel –José Ángel Biel–  y en la famosa Asamblea de Montalbán, decidió que Aragón fuera por la vía lenta de la autonomía (el famoso art. 143 de la Constitución) una vez que los municipios de las provincias de Huesca y de Zaragoza ya habían apostado por la vía plena y rápida del art. 151, sea ahora, en su calidad de Presidente de las Cortes de Aragón y del PAR el “valedor del autogobierno” y quien nos convoque a celebrar lo “maravilloso” que fue ese Estatuto rebajado a la mínima expresión.

Precisamente Aragón, que en los primeros años de la Transición se colocó a la cabeza de la reivindicación autonomista (baste recordar la masiva manifestación del 23 de abril de 1978, en la que participé como un estudiante universitario de 18 años que era), obtuvo el pago de un Estatuto recortado que conducía a la vía lenta autonómica. Hemos necesitado décadas para acercarnos a las comunidades que accedieron por la vía del 151, acumulando un retraso de lustros en desarrollar políticas propias en muchas materias.

No es de extrañar que numerosos aragonesistas que han ocupado puestos de responsabilidad como presidentes del Gobierno o de las Cortes de Aragón, además de ser presidentes del PAR (Hipólito Gómez de las Roces y José María Mur) se rasgen las vestiduras ante esta “celebración” y no acudan a los actos del Pleno conmemorativo celebrado ayer en San Juan de la Peña.

He de decir que yo tampoco asistí a conciencia. Porque una cosa es recordar y otra muy distinta es celebrar, falseando la realidad de lo que fue un acontecimiento histórico. De lo que pudo haber sido y representado aquel Estatuto y de lo que no fue. Seguro que algún gallego se estará “partiendo” en su tumba recordando aquel “requisito” de tener Estatuto plebiscitado para acceder al art. 151; y otros andaluces que ni habían tenido proyecto de Estatuto (que Aragón sí tuvo con el Estatuto de Caspe de 1936) ni mucho menos Estatuto en vigor como Cataluña y País Vasco, también en 1936, y que -sin embargo- por empeño de algun dirigente mínimamente andalucista consiguieron acceder por la vía del art. 151.

Sería absurdo negar, tanto que ahora estamos mucho mejor que hace 30 años, como que es precisamente ahora cuando un Gobierno central del PP -bajo el pretexto de la crisis que nos azota- está protagonizando una involución autonómica como no hemos conocido. Espero que seamos capaces lo aragoneses de defender nuestro precario autogobierno.

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