El fiasco de los minipisos universitarios

Los estudiantes universitarios tendrán que seguir esperando para disponer de viviendas públicas de alquiler en los campus de la Universidad de Zaragoza. El proyecto de 500 minipisos para el Campus de I+D de Zaragoza que impulsó el Gobierno de Aragón el año pasado, y que debería haber estado concluido en 2009, está inmerso en un proceso judicial y va para largo. Y los proyectos para los campus de Huesca y Teruel, que iban a continuación, están aparcados. 

Para la construcción de estas viviendas, el Gobierno de Aragón firmó un convenio pionero en España con el Ministerio de Vivienda y la Universidad de Zaragoza en febrero de 2007, tres meses antes de los comicios autonómicos. Y exactamente cuatro días antes de la cita electoral, el 23 de mayo, se publicaba en el BOA la convocatoria del concurso de ideas para elegir el anteproyecto que se debía construir en el campus del Actur de Zaragoza.

Era todo un mensaje para los jóvenes: “atendemos vuestras necesidades”. Y era, además, la segunda iniciativa que el Gobierno de Aragón tomaba pensando en los nuevos votantes, porque en el mes de marzo ya habían convocado subvenciones de hasta 300 euros para aquellos que, teniendo entre 17 y 25 años, quisieran obtener el carnet de conducir.

Sin embargo, una vez pasadas las elecciones, ambas medidas han resultado un fiasco. En octubre, el Gobierno anunció que retiraba, “por una cuestión estrictamente jurídica” la subvención para el carnet, frustrando así las expectativas de los 9.000 jóvenes que la habían solicitado. Y en noviembre, el jurado del concurso de los minipisos universitarios decidía dejar desierto el primer premio porque ninguna de las 264 propuestas “respondía de forma plena a los objetivos de la convocatoria o aquellas que las cumplían no se ajustaban a la normativa”.

Excusas legales y jurídicas para no poner en marcha dos medidas cuyo anuncio  posiblemente les resultó rentable en las urnas, pero que después han sido incapaces de
gestionar. Es más, han sido tan chapuceros que el concurso de las viviendas universitarias ha acabado en impugnaciones y contenciosos: más de un centenar de los arquitectos participantes han declarado públicamente sentirse “engañados” y lo han recurrido. Desde luego, resulta difícil entender que el jurado no encontrara, entre 264 proyectos, ninguno que le convenciera, y que uno de sus miembros (de Suelo y Vivienda de Aragón, convocante del concurso) ocupara dos puestos en el tribunal (así queda patente en las actas). ¿Y por qué hubo dos segundos premios si sólo estaba previsto uno y 7 accésit cuando el máximo eran 3, según las bases de la convocatoria? Tampoco se cumplió con la obligación legal de notificar individualmente a los participantes la resolución del concurso, que se publicó únicamente en Internet.

Para aclarar estas cuestiones Chunta Aragonesista hizo comparecer el pasado miércoles 21 de mayo en las Cortes al consejero de Obras Públicas, Transporte y Urbanismo, Alfonso Vicente, quien, aunque admitió que “había habido algunas irregularidades y problemas administrativos”, defendió “la independencia” del jurado. Vicente se esforzó en convencernos de que siguen “interesadísimos” en que los minipisos universitarios salgan adelante, e incluso se puso como plazo esta legislatura.

Esto no va a ser fácil, porque, atendiendo a lo que él mismo explicó, habrá que esperar primero a que se resuelva el contencioso y actuar después en función de la decisión judicial. Sea como sea, todo el proceso tendrá que comenzar otra vez: decidir el proyecto a realizar, redactarlo, adjudicarlo, construirlo… También hay que establecer un sistema de adjudicación de los minipisos y resolver las muchas dudas jurídicas que parecen seguir existiendo en su gestión.

Son muchos pasos todavía a seguir y muchas decisiones que tomar. El Gobierno ya tendría que haberlo tenido todo diseñado desde el primer momento en que se lanzó a este proyecto. Pero como siempre, tienen tanta prisa por vender sus ideas, que después fracasan al llevarlas a la práctica. En definitiva, una vez más las promesas electorales del Gobierno de Marcelino Iglesias se quedan en papel mojado. Y sí, quizá algún día los universitarios aragoneses en Huesca, Teruel y Zaragoza disfrutarán de lo prometido pero, ¿cuántos años habrá que esperar?.

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