De trampas y fiestas, trasvase y Estatuto

Marcelino Iglesias le puso la trampa del trasvase a Mariano Rajoy retándole a que dijera, en su visita de ayer a Zaragoza, cuál era su postura y la del PP al respecto. Rajoy se ha limitado a contestar que apoya lo que dice el nuevo Estatuto de Aragón (podéis leerlo en Heraldo y El Periódico). 

En las últimas semanas, Rajoy no ha desautorizado a los muchos dirigentes del PP que, a cuenta de la crecida del Ebro, sí han reclamado el trasvase. Así que parece que, efectivamente, el PP sigue abogando por él. Pero esto no es nuevo. Lo que realmente preocupa es que Rajoy pueda venir a Aragón y amparar esa postura en el nuevo Estatuto de Aragón: si el PP está cómodo con el Estatuto, eso quiere decir que el Estatuto no nos defiende del trasvase.

PSOE, PP, PAR e IU han aprobado conjuntamente el nuevo Estatuto. PSOE, PAR e IU se oponen al trasvase, y dicen que el Estatuto nos ampara frente a él. El PP está a favor del trasvase y considera que el Estatuto lo permite (así lo expresaron los populares valencianos, felicitándose públicamente).  ¿Puede un mismo texto servir a la vez a dos posiciones excluyentes entre sí? Imposible. ¿Entonces? Ya lo venimos diciendo desde el principio: este nuevo Estatuto no sirve para luchar contra el trasvase. No dota a Aragón de ningún instrumento de defensa frente a esa  amenaza. Rajoy, con su respuesta de ayer, también le ha puesto su propia trampa a Iglesias, la del Estatuto. 

Por el trasvase, por las inversiones no aseguradas, por la falta de competencias y por muchas otras razones CHA ha votado en contra del Estatuto. No nos podemos alegrar de que vaya a aprobarse tal y como está y por eso sería ilógico celebrar su aprobación definitiva el próximo día 18 acudiendo a la fiesta que el Gobierno de Aragón ha convocado en Madrid. CHA no asistirá. Así lo aprobó unánimemente ayer su Consello Nazional, que también respaldó la posición personal de Chesús Bernal de no aceptar el Premio Aragón 2007 que el Gobierno le ha concedido por su labor como ponente de la reforma del Estatuto. Por coherencia, dignidad, rigor y responsabilidad.

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